Los cuidados de tu bebé

Al nacer, la piel de tu bebé, de golpe, se enfrenta a un medio completamente nuevo.

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Muchas veces a lo largo del día, tu bebé necesita un aseo rápido, como complemento del baño diario: por la mañana al despertarse, por la noche antes de acostarle, después de cada comida y en cualquier momento del día, al cambiarlo o en caso de regurgitaciones.

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El baño es muy importante para tu bebé: contribuye a su higiene corporal diaria, pero también contribuye a su desarrollo sensorial. Es también un momento único de intercambio y complicidad.

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Al principio tendrás que cambiarle el pañal a tu bebé siete y ocho veces al día. Su culito es muy delicado y puede irritarse con facilidad a causa de la humedad, del contacto con la orina y las heces.

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Hasta los tres años, la piel de tu bebé es frágil e inmadura: no se defiende bien contra las agresiones del medioambiente (frío, viento, sol, aire seco, etc.).

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La piel atópica es un problema cutáneo cada vez más frecuente, que se manifiesta por una sequedad extrema, prurito e inconfort cutáneo muchas veces intenso.

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La piel de tu bebé cuenta con un capital celular único, pero también es frágil e inmadura: aún no desempeña íntegramente su función de barrera protectora.

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La piel del culito de tu bebé es muy delicada y puede irritarse fácilmente, en especial durante el primer año de vida: hasta el 60 % de los bebés se ven afectados durante los primeros 12 meses.

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Desde las primeras semanas de vida, los bebés pueden presentar pequeñas costras amarillentas, de aspecto graso, en el cuero cabelludo o en la parte superior de la cara.  Se trata de la “costra láctea”.

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La piel de los bebés posee una riqueza única, un capital de células madre, que se encuentra en su máximo al nacer. Este capital de vida, único y valioso, también es extremadamente vulnerable.

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El sol es fuente de vida y a todos nos gusta disfrutarlo, ya que juega un papel importante en nuestro estado de ánimo.  Además, favorece la síntesis de vitamina D, necesaria para el crecimiento y para una buena salud.

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El sol emite radiaciones que penetran en la piel. Éstas son indispensables para nuestra salud pero también pueden ocasionar efectos nefastos para el organismo.

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Hasta los tres años los niños tienen el sistema de defensa cutáneo inmaduro, lo cuál hace que sean muy vulnerables frente al sol; por lo tanto, no está fuertemente desaconsejado exponerlos directamente al sol.  

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